Siendo luz en el camino

Estamos llamados a ser luz y como ya habrán notado en diversos medios, redes sociales, etc. estamos viviendo tiempos bastante turbulentos, tiempos de intolerancia, racismo y violencia. Protestas masivas en todas partes del mundo que comenzaron por el deceso de George Flyd a manos de un policía blanco entre muchas cosas más que atravesamos en estos momentos junto a la pandemia.

Si bien, el escenario pinta mal, como jóvenes cristianos e hijos de Dios, estamos llamados a ser la sal y luz del mundo [Mt 5:16]. En el libro de los Salmos, capítulo 119 y versículo 105 dice: «Tu Palabra es una lámpara a mis pies; es una luz en mi sendero», donde el salmista habla de que es el Señor quien guía su vida, en términos prácticos.

Pero entonces ¿qué pasa con quiénes no conocen de Dios o no lo han querido recibir en sus corazones? Como hijos de Dios, una de nuestras misiones es ser la sal del mundo (como mencioné líneas arriba). Nosotros somos instrumentos de Dios, instrumentos que Él utiliza para difundir su Palabra en todo el mundo.

Por lo tanto, así como el Señor es lámpara y luz para nosotros, como creyentes, nuestro deber es (por medio del Espíritu Santo) ser lámpara a los pies y luz en el sendero de todos aquellos que no tienen a Cristo en sus corazones.

Y ¿cómo podemos ser lámpara y luz? Es realmente sencillo, pero requiere de que nuestros corazones estén dispuestos y en sintonía con el Espíritu Santo. Dice la Palabra [Mt 12:34]: «…de la abundancia del corazón habla la boca».

En otras palabras y como conclusión, para poder iluminar a otros, antes de predicar la Palabra, debemos predicar con el ejemplo en nuestras vidas día a día, dejando que nuestro testimonio sea el que hable primero. Bendiciones.

Lectura bíblica: